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Civilización Árbol Tecnológico Estrategia


La banda sonora de los Italianos en la Definitive Edition

Los Italianos son una civilización mediterránea que aparecen en Age of Empires II: The Forgotten. Son principalmente una civilización naval y de arqueros, pues el tiro con arco para esta civilización es bastante formal teniendo a las Ballestas, los Guerrilleros de Elíte y el Artillero Manual como la principal fuerza italiana, además de su unidad única: el Genovés Ballestero, pero la debilidad de ellos es la caballería de arqueros. Ellos son capaces de investigar todas las tecnologías de la Herrería, los que los hace mas eficaces en batallas a largo plazo. También pueden avanzar a través de las edades, en las que las unidades de pólvora italianas cuestan mas baratas que en otras civilizaciones.

Características

Unidades únicas

Genoves BallesteroIcono-DE.png Genovés Ballestero: Arquero con alto valor de armadura y bonificación de ataque contra la caballería.
Condotiero-Icono-DE.png Condotiero: Unidad de infantería con bonificación de ataque contra las unidades de pólvora.

Tecnologías únicas

Bonificaciones de civilización

Bonificación de equipo

El Condotiero puede ser creado en los cuarteles de los aliados.

Cambios

Diálogos

A pesar de que en el juego las unidades italianas comparten diálogos con los Bizantinos (Latín Medieval), históricamente hablaban diferentes idiomas descendientes del latín. El italiano moderno se basa exclusivamente de uno de estos idiomas, la variante toscana de la ciudad de Florencia, llamada Florentino.

  • Ain? - ¿Sí?
  • Impero? - ¿Qué me ordena?
  • Presto - Listo
  • Salve! - ¡Hola!
  • Correctus - Correcto
  • Ago - Lo haré
  • Sane - Por supuesto
  • Caedo - Corto [un árbol]
  • Pabulo - Forrajeo
  • Venatus - Carne, cazador
  • Capto - Atrapo [un pez]
  • Colo - Cultivo
  • Fodio - Cavo
  • Condo - Construyo
  • Reficio - Reparo
  • Deleo! - ¡Destruyo!
  • Comittam! - ¡Lo haré! ¡Comenzaré la batalla!
  • Comita! - ¡Te seguiré!
  • Pugno! - ¡Lucho!
  • Porro! - ¡Adelante!

Historia

Históricamente se han denominado italianos a los pueblos que llevan establecidos en la península apenina desde apróximadamente el año 572 d.C. A pesar de ser la sede del Imperio Romano, la península itálica cayó ante las tribus germánicas que actuaban bajo el mando de Odoacro. Los bizantinos (Imperio Romano de Oriente) idearon una estratagema para llevar al rey de los ostrogodos, Teodorico el Grande, a conquistar la Italia tomada por Odoacro, la cual tuvo éxito al ser este último derrocado y asesinado.

Inmediatamente después de la muerte de Teodorico en 526, la península volvió a hundirse en el desconcierto, posibilitando ahora la invasión bizantina, la cual fue liderada por el general Flavio Belisario en el año 535. Sin embargo, el nuevo gobierno bizantino había sido prácticamente relevado ya para el 572, cuando la península fue invadida por los lombardos, otra tribu germánica. Es por esto que se reconoce como italianos a los descendientes de ambos grupos, los pueblos latinos y estas tribus germánicas.

Los siglos posteriores fueron testigos de la aparición de diversas ciudades-estado a lo largo de Italia. Se trataba de entidades independientes cuyo gobierno, por lo general, no tenía influencia más allá de la propia ciudad y algún poblado circundante. En el norte de Italia, y propiciado por la caída del Sacro Imperio Romano Germánico de Carlomagno a manos de los lombardos, se crearon varias ciudades-estado, incluyendo Génova, Milán, Florencia y Venecia como respuesta a un largo período de inestabilidad.

A la Italia central le fue un poco mejor bajo el Papado en Roma, pero cuando el Papa coronó al germano Otón II como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en 962, tanto el norte como el centro de Italia se vieron envueltos en los intrincados asuntos de las ciudades-estado germánicas. Por otra parte, la zona meridional continuaba bajo el control de los lombardos y los bizantinos, y siguió así hasta bien entrado el siglo XI, cuando los normandos invadieron la región y fundaron el Reino de Sicilia.

Durante la Edad Media, los ejércitos italianos generalmente se componían y eran dirigidos por condotieros, mercenarios profesionales cuya lealtad consagraban al mejor postor. Los conflictos interestatales normalmente ayudaban a mantener el statu quo de las ciudades-estado. Las guerras italianas del siglo XVI (durante el Renacimiento) llevaron al súmmum de estos conflictos interestatales, cuya consecuencia última fue el debilitamiento de sus ciudades-estado.

En términos de capacidad combativa, los barcos italianos se encontraban entre los mejores de Europa. Su ubicación geográfica hacía del control del Mediterráneo un asunto de vital importancia para el comercio y la cultura. Venecia y Génova (dos de las repúblicas marineras) basaron en su poderío naval la creación de notables imperios marítimos que competían contra otros estados europeos y el Imperio Otomano.

La Italia medieval era una apasionante amalgama de antigua arquitectura romana, supremacía religiosa y rebelión artística. Italia central, manejada por la Iglesia, tenía una influencia predominante en los asuntos religiosos y políticos del Cristianismo europeo. Italia del norte, más particularmente Florencia, fue la cuna del Renacimiento, un período de grandes avances en las artes clásicas, la música y las ciencias. El florentino Leonardo da Vinci fue una de las principales figuras de esta época, creando magníficas obras de arte y proyectando su genio inventivo más allá de las capacidades tecnológicas de su tiempo.

Pero las constantes disputas que las ciudades-estado italianas mantenían entre sí las dejaban vulnerables frente a las pretensiones políticas extranjeras. Las vecinas Francia, España y Austria demostraron gran interés por interferir en los asuntos italianos. No sería hasta el año 1861 cuando, gracias al liderazgo de Giuseppe Garibaldi y Victor Manuel II de Saboya, Italia fue unificada (en un movimiento conocido como Risorgimento), dándole forma al país que conocemos hoy en día.

Curiosidades

  • El Monasterio Mediterráneo de los Italianos cuenta con elementos arquitectónicos tanto de la gótica como de la románica. Esta combinación es típica en las iglesias y catedrales del norte de Italia, así como en algunas capillas a través de la Toscana, Las Marcas y Umbría.
  • El emblema de fondo en el centro de la parte inferior de la pantalla es el escudo de armas de Génova.
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